Uno de cada cuatro casos de disfunción sexual está relacionado con el empleo de fármacos. Los que se emplean para el tratamiento de la hipertensión pueden reducir el deseo sexual y producir problemas de erección en los hombres y de lubricación en las mujeres. Por su parte, antihistamínicos, antidepresivos, analgésicos, ansiolíticos, antiácidos... pueden tener efectos secundarios capaces de afectar a la vida sexual. No dudes en preguntar a tu médico si te estás medicando y notas cambios en tu función sexual.

Tras estudiar tu caso, el médico podrá decidir si conviene interrumpir el tratamiento, sustituir el fármaco por otro con la misma acción o bien continuar la terapia hasta que el problema de salud se resuelva. En cualquier caso, estar informado/a ahorra la ansiedad de pensar que un problema de disfunción sexual es irresoluble.
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